Existe consenso en que la educación es un proeso
continuo que acompaña al hombre a través de toda su
vida y que se desarrolla en distintos ámbitos y agencias sociales
más allá de las instituciones específicamente
dedicadas a la enseñanza.
Solamente en las últimas décadas se ha enfatizado
y difundido la conceptualización de Educación Permanente
como una estrategia pedagógica más adecuada para la
transformación de la práctica. Este enfoque está
asociado a otros fenómenos complejos tales como la revolución
científica y tecnológica, las transformaciones en
la estructura productiva y en las organizaciones, y la creciente
participación de los diferentes sectores sociales en la vida
política y socio cultural.
Estos profundos cambios han aumentado la necesidad del adulto de:
Moverse en los diferentes medios de información para
mantenerse actualizado frente a la explosión del conocimiento
y la evolución de múltiples medios de comunicación.
Buscar la capacitación continua y evencualmente la reconversión
profesional, para el trabajo en organizaciones cada vez más
complejas y sometidas a grandes presiones competitivas.
Integrarse a distintos grupos socailes que le permitan comunicarse
y participar en las distintas dimensiones de la vida social, asumiendo
su cuota de responsabilidad en la transformación de la
institución.
Este enfoque supone poner en tela de juicio el mito sobre el cual se apoya la
concepción "adaptativa" de la educación propia de los
sistemas escolares cerrados. Según ésta la educación
comienza en la infancia y culmina con la graduación de un adulto
"estable".
Se propone en cambio, la noción del hombre como ser en búsqueda
constante de su completo desarrollo que se extiende a través
de toda la vida. Como afirma Mejía (1986) "la educación
inicial, independientemente de su duración, no garantiza
un ejercicio profesional idóneo indefinidamente. Capacita
solo para inicar una carrera o empleo y aporta los conocimientos
para continuar la educación durante toda la vida profesional
de un individuo. Sin educación continua la competencia decrece
progresiva e inexorablemente como consecuencia de una dinámica
influenciada por varios factores como la incongruencia de la educación
inicial con los requerimientos de la p´racitca, la creación
de hábtios de dudosa validez a través de la práctica,
la inexorable tasa de olvido en los conocimientos y el rápido
cambio en los contextos de traabjo. Todo esto hace que, sin educación
continua, una alta proporción de la competencia inicial sea
incongruente o se haya olvidado, de cinco a siete años después
de la formación inicial.
Por otra parte, las necesidades emergentes de los cambios sociales
y educacionales, no se restringen a aspiraciones individuales
del adulto en un mondo en transformación, sino que se plantean
como demandas de las propias organizaciones sociales, que requieren
la incorporación de procesos de educación permanente
vinculados a programas de desarrollo.
Las empresas ligadas a la producción han tenido una clara
visión de esta necesidad lo cual las ha llevado a una muy
activa política de reingeniería que incluye masivos
procesos de capacitación, adaptados estrictamente a las necesidades
de la institución, en cambio, las empresas prestadoras de
servicios de salud no parecen haber asumido el desafío con
el mismo entusiasmo, a pesar de que todas reconocen la importancia
de la gestión de los trabajadores para el éxito en
la atención. Sin embargo, en general, reclaman a las instituciones
formadoras de Recursos Humanos por no "entregar un producto de buena
calidad", pero no se han detenido a investigar cuales son las estrategias
eficientes y eficaces para satisfacer las necesidades de capacitación
permanente de sus trabajadores.
En un análisis sobre la organización y coordinación
de los programa existentes realizado por Vidal y colaboradores (1981),
en 23 países con 155 programas, se constató una amplia
variación de las características de los mismos. Se
señalaba que la experiencia acumulada en los programas de
educación continua presentaba:
Dispersión y falta de continuidad, realizándose
generalmente actividades esporádicas de capacitación
para diversas categorías de personal, sin vinculación
entre ellas o sin que exista un plan coherente e integral de capacitación.
Falta de direccionalidad, ya que en la mayoría de los
casos los programas no guardan relación con los objetivos
y lineamientos de las políticas de salud.
Dependencia de recursos externos o de recursos extrapresupuestarios
regulares, lo cual refleja la escasa importancia que los niveles
de decisión otorgan a esa actividad.
Escaso alcance de los programas, tanto en términos cuantitativos
como geográficos. la cobertura se concentra además
en algunas categorías profesionales de las principales
cuidades en los diferentes países o favoreciendo a unos
pocos privilegiados con programas costosos de poco impacto para
la institución misma.
Pobre correspondencia entre la doctrina educacional y las características
de los programas concretos en términos de orientación,
objetivos, contenidos e impacto.
Escasa o nula participación del sector educativo formal
en salud en los procesos de capacitación en servicio.
Resultados similares se hallaron en una investigación realizada por la
Representación en Colombia de la Organización Panamericana
de la Salud en 1996, en la cual se evaluaron los programas de capacitación
que se adelantan en el país en los diferentes Servicios de
Salud, y algunas dependencias del Instituto de Seguros Sociales y
el Instituto de Bienestar Familiar.
Al realizar un análisis sobre las opcines pedagógicas
empleadas hallamos que la gran mayoría de las veces éstas
corresponden a modelos de Transmisión de conocimientos en
eventos aislados y con contenidos siilares para todos los educandos,
adaptados más al gusto y necesidades del maestro, que asume
una posicion de autoridad incontrovertible, que a las necesidades
de los trabajadores. O se centran en modelos de Adiestramiento para
la adquisición de destrezas a manera de prácticas
de una técnica, sin conocimiento de los fundamentos científicos
que la justifican y sin articulación con los provesos totales
del servicio.
Ambas estrategias fomentan la actitud pasiva y la dependencia en
el educando, en una relación individual con el maestro que
no permite la visión del trabajo grupal, ni la labor insitucional
como un todo y mucho menos la comprensión de la institución
en que se realiza y la de los destinatarios del servcio.
Evidentemente es indispensable reorientar los esfuerzos de educación
continua hacia proyectos que se engarcen dentro de la vida cotidiana
de las insitutciones, que consideren que el eje de la formación
es el mismo proceso del trabajo que artirucla la producción
de servicios, de tal manera que la resignificación de ese
proceso pueda ser el camino para dinamizar los servicios, valorizar
al trabajador y superar los problemas de la práctica, siendo
este último elemento el indiciador de impacto óptimo
para evaluar los progrmaas educativos.
Con este propósito se pone a consideración un tercer
modelo pedagógico, el de la Problematización, en el
cual los alumnos se convierten en el soporte principal de la formación
y en fuente de conocimientos y el docente tiene un papel de estimulador,
catalzador y orientador o facilitador del proceso.
Su punto de partirda es la indagación sobre la práctica,
entendida como la acción humana y profesional dentro de un
contexto social e institucional, de manera colectica, reuniendo
los aporte indidvivuales en el pensamiento del grupo. De ese análisis
de la práctica se detectan los problemas de la misma, se
avanza en las fuentes de información y en una reflexión
teórica para comprenderlos y profundizarlos y finalmente
se llega a hipótesis de solución que son probadas
en la práctica verificando su adecuación para la resolucaión
del problema y la modificación de la práctica.
Este enfoque presenta algunos requerimientos y desafíos.
Uno de ellos es esimular un ámbito participativo en las
instituciones y una buena integración docente asistencial
alrededor de los principios pedagógicos del método.
Otro se refiere a la organización de la capacitación
como proceso pedagógico continuo y sistemático sobre
el conjunto de conocimiento teóricos y técnicos de
un determinado grupo de profesionales que configuran un equipo.
Se requiere de una programación que, concebida en forma participativa,
otorgue un tratamiento específico a dichos conocimientos
o contenidos de la enseñanza.
En resumen, el método pedagógico propuesto es un
proceso permanente de reflexión del equipo de trabajo acerca
de las realidades de su práctica cotidiana, que promueve
el desarrollo integral de los trabajadores, y que no solamente produce
aprendizaje sino un crecimiento personal del individiuo en cuanto
a que le permite entender mejor no sólo su trabajo como parte
importante de un gran contexto, sino el papel integral de
la institución a la cual pertenece, desarrollando la afirmación
personal de un compromiso profesional fente a esa realidad captada
en su totalidad, posibilitando así una acción transformadora.
BIBLIOGRAFIA
Organización Panamericana de la Salud, Serie Desarrollo
de Recursos Humanos en Salud, No. 78 de 1988
Organización Panamericana de la Salud, Serie Desarrollo
de Recursos Humanos en Salud, No. 19 de 1989
Organización Panamericana de la Salud, Serie PALTEX para
ejecutores de programas de Salud No. 38 de 1995